1 de mayo de 2026
Tres generaciones de fútbol de un equipo en Alemania
Delfín Fernández, originario de Ponteareas y que emigró a Karlsruhe en los años 60, fundó el FC Español. Desde 2011, su hijo Abel preside el club, y su nieto Noel es jugador del equipo.
Un poco más de 100 kilómetros al norte de Friburgo, donde el Celta comenzó hace unas semanas a cerrar su aventura europea, se encuentra Karlsruhe. Como en cualquier parte de Alemania, el fútbol allí ocupa un lugar central. No solo por el club principal, que actualmente juega en la 2. Bundesliga, pero que en el pasado también compitió en Europa —en 1993 ganó 7:0 al FC Valencia—, sino también por los muchos pequeños clubes que completan el ecosistema futbolístico local. Uno de ellos es el FC Español. Su propio nombre ya refleja su origen, y su historia está marcada por una tradición familiar que tiene su raíz en la parroquia de Xinzo, en Ponteareas.
Desde allí partió Delfín Fernández hace más de medio siglo para buscarse una vida en Europa. Su camino lo llevó a Karlsruhe y a un club que había sido refundado en 1962 por varios compatriotas. Fue jugador, directivo y finalmente el presidente que transformó un equipo de amigos en un club federado oficialmente. Esa dedicación continuó con su hijo Abel, que también fue jugador en su juventud y desde 2011 es presidente del club. La saga continúa con Noel, que hoy juega como lateral derecho en el equipo.
“Mi padre amaba el fútbol y el club: estuvo casi 40 años en el Español, y todo esto lo hago por él”, afirma Abel Fernández, presidente del Español e hijo de Delfín.
Delfín falleció en 2021. Su hijo, de 55 años, mantiene vivo su legado en las oficinas del club, y su nieto, de 25, lo mantiene sobre el campo. “Ser presidente es una responsabilidad”, reconoce Abel. No piensa abandonar ese legado tan importante de su padre. “Amaba el fútbol y el club. Estuvo casi 40 años allí”, explica. El actual presidente vive entre recuerdos inseparables de un club que es casi su proyecto de vida.
Abel dio sus primeros pasos en otras estructuras locales, ya que el Español no tenía equipos juveniles en aquel momento. Pero cuando llegó a la categoría senior, se incorporó a su club de toda la vida. “Y además traje a mis amigos”, destaca.
En aquel entonces, la comunidad española en Karlsruhe era muy grande, y el fútbol era un fuerte vínculo social entre los emigrantes, sus descendientes y también la población local. “El campo tenía un restaurante y los fines de semana venía mucha gente”, recuerda Abel. A esto se sumaba una fiesta anual muy concurrida. “Cada uno de los tres días venían unas 6.000 personas. Había paella, calamares… toda Karlsruhe lo conocía”, cuenta. Todos los ingresos iban directamente al club.
Aquellos fueron buenos tiempos. Tan buenos que el Español llegó a ascender en la segunda mitad de la década pasada —ya bajo la presidencia de Abel— hasta un nivel equivalente a la entonces tercera división. Incluso estuvo a un paso de jugar la Copa de Alemania contra el Bayer Leverkusen. “Son experiencias increíbles para nosotros, somos un club de barrio con solo 50 socios”, destaca Abel, recordando a Sirus Motekallemi, el entonces entrenador, hoy asistente del Karlsruher SC.
Pero todo pasa. Como muchos otros clubes, el Español también se vio afectado por la pandemia de la COVID-19 y por la falta de apoyo financiero. Hoy juega en la penúltima categoría del fútbol alemán, con un segundo equipo en la última división. “Pero somos económicamente estables”, asegura el presidente. Su hijo Noel continúa la tradición familiar sobre el césped. “Cuando lo veo jugar, reconozco a mi padre. Sé lo orgulloso que estaba de que yo jugara en el Español. Ahora es igual”, dice Abel.
Ese sentimiento de pertenencia también está muy presente en la tercera generación. “He pasado toda mi vida yendo cada domingo al campo, por mi abuelo y por mi padre. El Español es más que un club para mí”, afirma el joven lateral derecho en un español perfecto. “El fútbol me conecta con mis raíces. Además, siempre hemos ido de vacaciones a Galicia”, cuenta Noel, que se siente gallego: “Claro. No hablo perfecto el idioma, pero lo entiendo muy bien”.
Esa conexión también incluye el cielo azul del Celta. El nieto de Delfín heredó de su abuelo la pasión por el Celta de Vigo y viajó con amigos y familia a Friburgo para ver a su equipo. “En su casa no había dibujos animados los días de partido, solo el Celta”, recuerda entre risas, antes de que la alegría desaparezca al pensar en lo ocurrido en el Europa-Park Stadion. Cosas del fútbol.
Todos estos lazos con el balón quedaron en evidencia cuando Abel y Noel compartieron camiseta, campo y vestuario. “Mi padre jugó algunos partidos con mi abuelo, y años después yo pude hacerlo con él. Fue algo increíble”, dice Noel, tercera generación de la familia Fernández. Su padre está orgulloso, tanto de esa experiencia como de ver cuánto disfruta su hijo en el club. “Me encanta verlo jugar con todos sus amigos”, afirma. “Aquí es normal que cada verano se vayan siete o diez jugadores y lleguen otros tantos. Pero nosotros llevamos ocho años con el mismo grupo. Eso es lo mejor del fútbol: crear comunidad”.
“Yo he pasado toda mi vida cada domingo en el campo; para mí el Español es más que un club”, dice Noel Fernández, jugador del Español y nieto de Delfín.
Abel lucha por mantener todo esto. “Si no me ocupo, el club deja de existir”, dice con cierta tristeza. “Hay que pagar campos, árbitros, federación… el club cuesta 25.000 euros al año y alguien tiene que financiarlo”. Los amigos ayudan con patrocinadores, “pero hay que seguir, si no, todo se acaba”. Menciona a su vicepresidente, Ralf Gerner, un alemán con perfecto dominio del español y un gran compromiso con el proyecto, una causa que sigue viva.
Noel aún es demasiado joven para pensar en una sucesión. Ese momento llegará. Mientras tanto, el legado de Delfín está muy presente. “Mi padre me decía que parara y dejara de gastar dinero. Pero mi corazón no me lo permite”, admite Abel, resumiendo su motivación en una frase: “Lo hago todo por él”.
En ese momento, los recuerdos emergen, el orgullo toma forma y el esfuerzo cobra sentido. Porque nada desaparece del todo mientras siga vivo en los corazones. Por eso el FC Español está muy vivo, en Karlsruhe y en Ponteareas. Gracias a tres generaciones del río Tea que continúan su fútbol en Alemania.
